Mi último tiempo

En septiembre del 2022 me enteré de la noticia más fuerte de todo lo que iba del año, está noticia al principio me asustó muchísimo, me aterró y me removió el piso, estaba creciendo un pequeño ser en mi interior, estaba embarazada y no me sentía preparada para ello. Me hice el test de embarazo como 3 veces, buscando el error o la duda, o no sé a mi parecer en ese momento un milagro, pero era seguro, iba a crecer la familia. 

Le conté la noticia a mi pareja y a diferencia mía, él solo vio luz y alegría en lo que se nos venía encima, quitó mis miedos y todas mis dudas y juntos comenzamos a soñar con la llegada de nuestro bebé, imaginamos el mundo e hicimos muchos planes para los 4, le contamos a nuestras familias y celebramos todos este hermoso suceso. No sé si por nuestra intensidad o nuestras ganas, pero prontamente el bebé o según yo "la" bebé, ya tenía nombrecito, se llamaría Agatha. 

Pero la felicidad nos duro muy poco, puesto que unos días después comencé con un leve sangrado, fuimos a médico, nos hicimos la primera Eco y nos indico que estaba todo bien, que era normal y que debíamos esperar, al día siguiente tuve que ir de manera presencial a mi trabajo, estando allí me di cuenta que seguía sangrando, estaba muy asustada, aterrada, llore en mi puesto todo el día, dolía mucho, dolía en el cuerpo y dolía en el corazón, aún nada era seguro pero algo dentro de mi lo presentía. Mi pareja y mi mamá me fueron a buscar a la salida y me llevaron a médico nuevamente, el doctor nos indico que iba todo bien, todo normal, que siguiera haciendo mi vida cómo si no pasara nada. 

Al día siguiente trabaje desde mi casa, trate de estar tranquila, trate de pensar positivo, pero el sangrado no paraba y el dolor era agonizante, hablé con mi jefe para pedirle permiso para ir a urgencias y me indico que le avisará a mis compañeros, al decirles a estos la respuesta de ellos fue que como era posible que alguien tuviera tanta mala suerte, que no podían pasarme tantas cosas malas juntas y que me dejara de mentir. Lo mal que estaba en ese momento, lo doloroso que era todo. Cómo si realmente hubiera elegido estar pasando lo que pase, como si alguien pudiera sacar algo bueno de una situación así. Que clase de persona parecía yo, que creían que podía jugar con algo así, cuando no me atrevo a decir que mi hija esta enferma sin que lo este porque le temo mucho al karma. Y si, soy una mamá sobreprotectora, no me gusta dejar a los que quiero solos y siempre estaré allí cuidándoles y dándoles una mano, el trabajo para mí esta después de todos ellos. Pero jamás jugaría con su bienestar, porque nunca fue mentira lo que pasamos y vivimos el 2022 de mierda. Y también hay una parte de mi que piensa exactamente igual, como es posible que exista una persona con tanta mala suerte, como es posible que me pasen cosas malas una tras otras, desde una operación, un robo, una neumonía, una fractura y ene weas mas que no sé como explicar. Desde que empezaron a pasarnos cosas con mi pareja, siempre le pedí disculpas por la mala suerte que teníamos, porque siempre pensé que era yo, que yo soy como se dice yeta y que eso le afectaba a él, y está no era la excepción. Me sentía culpable de todo, porque al principio sentí miedo de estar embarazada, creí que no era buen momento o que no estábamos listos, que no era el momento idóneo, me sentí culpable porque yo acarreo desgracias, porque yo acarreo dificultades y ahora estaba perdiendo a mi bebé, no lo pude mantener dentro mío, no lo pude afirmar y no lo pude retener, no fui lo suficientemente buena para que quisiera quedarse, me sentía miserable y rota y la respuesta de mis compañeros lo único que generó fue que ese sentimiento creciera y se hiciera más grande. 

El dolor crecía, la pena se acumulaba, pero esperé a terminar el turno, porque mis compañeros y mi jefe no me querían apoyar. A las 6 de la tarde fuimos a una clínica, me hicieron el ultrasonido y confirmaron lo que yo ya sabía, mi bebito se había ido, nos había dejado, con mi pareja lloramos mucho y nos acompañamos mutuamente. El dolor era inmenso, y aunque fue poquito tiempo, lo amamos profunda e intensamente. Ya habíamos imaginado toda una vida con el bebito, habíamos hecho planes, nos habíamos programado y habíamos transformado nuestros planes, los habíamos acomodado para su llegada, estábamos tan emocionados e ilusionados y todo eso se destrozo en unos días.

Las semanas siguientes fueron extrañas, estuve mucho tiempo con licencia, no quería ver a mis compañeros, no quería volver a mi trabajo, me traía muchos recuerdos, pero en mi casa estaba en paz y tranquila, o eso creía, con el tiempo me di cuenta que olvide como llorar, lo anule, estaba bloqueada, dentro mío algo no funcionaba, tome mis sentimientos y los plante en una orquídea, los metí en un cofrecito, ahogando el dolor que me carcomía, la pena que cargaba simplemente la borre. Porque la vida continuaba, la vida no para solo porque uno tiene pena y tenia una hija y mi pareja que me necesitaban fuerte y funcional.

Me di cuenta de lo tabú que es el tema aborto, la gente opina tantas acosas al respecto y eran cosas que yo misma me decía a mis adentros, "si al principio no lo querías", "si solo fue una semana", "era demasiado pequeño", "puedes intentarlo otra vez", "ni siquiera era un bebe" y tantas otras frases que por allí resonaban en mi cabeza. Al principio me guarde la noticia de mi embarazo solo para mi, solo los estrictamente necesarios se enteraron de que iba a ser mamá. Pero fueron mas los que se enteraron de mi aborto, después de un tiempo lo contaba como si nada, ya lo había superado decía yo, pero realmente fue mi corazón el que se había congelado.

Eso hasta que me toco volver al trabajo, allí me di cuenta que la herida aun está, el dolor permanece y por mas que lo oculte o quiera escapar de él, allí estará. Los días sentada en el computador ayudando a los ejecutivos se me hacían eternos, me gustaba mi trabajo, eso antes de que se convirtiera en una eterna tortura, el recuerdo vivo de todos aquellos momento, el tener que hablar con mis compañeros y que hicieran como si nada pasara, me dolía y me dolía demasiado, me recordaba una y otras vez esos días, rememoraban el dolor y la pena, el día que tuve que ir presencial fue una tortura, estar allí de nuevo, me sentía completamente sola, me sentía completamente vacía. Un nudo en la garganta y una presión en el pecho que me mantuvieron con una sensación de angustia que no me dejo en paz, intente convivir, intente superarlo y dejarlo de lado, ser profesional, pero todo me dolía, todo me ahogaba, me daba rabia escuchar a la gente que antes hablaba conmigo que hablaran con él, que le dijeran amigo y que él estaba rodeado de personas y yo me encontraba allí sola y vacía, tenia una infinita pena, aunque habían personitas que no tenían idea de lo que había pasado y me brindaban su amor, pero eso solo duro unos días, porque esas personas por A, B o C motivo se fueron yendo y cuando ya no quedaban personas que me dieran un poco de cariño, me empecé a ahogar nuevamente.

Volví a esos días de penas eternas y donde cuesta poder levantarme de la cama, donde no sé por donde empezar, ni como terminar, sé muy bien que tengo el amor de mi hija, mi pareja y mi familia que me acompañan, he encontrado un poco de desahogo en el recolectar frutos, en el cocinar, pero aun así hay días difíciles, hay días donde no sé realmente que es lo que hago y cuesta ver las cosas buenas y lindas de la vida. Tiendo mucho a cuestionarme, a no sentirme completa o útil, a no sentirme suficiente, es normal en mis días cuestionarme porque las cosas son tan complicadas, porque no puede simplemente salir bien, porque todo amerita tanto esfuerzo y tanto sacrificio.

Realmente no busco palabras de aliento, busco en mi misma la capacidad que perdí de llorar, de sentir. Lo comparto porque deje de estar y de ser, porque me comprometí con muchas personas y no le cumplo a nadie, ni siquiera a mi misma, porque en estos momentos no me encuentro y tal vez alguien más sepa donde estoy.

Un abrazo eterno a todos aquellos que han perdido en esta vida.