Tu ausencia (a la mujer que amo)

Sentada en la ventana, mirando al horizonte, mientras las gotas de lluvia golpean el cristal, puedo recordar todos aquellos momentos en los que me acompañaste
La verdad, comúnmente suelen venir a mi mente los momentos icónicos, esos momentos que marcaron una ntes y un después, pero ahora son esos pequeños instantes que parecieran ser insignificantes los que me agobian y no dejan de aparecerme. 
¿Será que el hecho de tener la certeza que no volveré a verte hacen que mi memoria busque todos aquellos momentos en los que estuviste conmigo, incluyendo aquellos que parecen ser mínimos y sin importancia?
Porque ahora cosas como cuando íbamos a comprar dulces al almacén me parecen momentos tan bonitos, recuerdo ir tomadas de la mano, mientras me contabas alguna novedad con tu trabajo y veíamos cuan hermosas le habían crecido las plantas a la vecina o también recuerdo aquellas ocasiones dónde me acompañabas al supermercado y teníamos que elegir alguna galleta para compartir, porque tú no comías muchas galletas y yo quería que eligieras una para comer con el café. Podíamos estar mucho rato en esa discusión banal que terminaba conmigo comprando alfajores porque me aburria de insistir en que te decidieras por una. Las veces que me acompañaste al lado de mi cama cuando estaba enferma o cuando me quedaba hasta tarde trabajando, tú me llevabas tecitos y me dabas besos para darme ánimos. Cuánto añoro esos momentos.
Momentos que pasaron fugaces y que nunca puse real atención a ellos, hoy se hacen presente y las gotas ya no caen por la ventana, si no que se arrastran por mis mejillas.
Quisiera poder repetir alguno de ellos, recuerdo alguna vez haber ido a hacer un picnic en un parque, parecía película cliché gringa, con las frutas y los sandwiches, nuestros juguitos y para finalizar un helado del caballero que pasó por nuestro lado. Sentarnos a almorzar juntas, ahora prefiero almorzar en mi escritorio, porque cuando me siento en el comedor la silla vacía a mi lado me hace extrañarte. Al igual que los sabores en la cocina, ya no puedo echarle ajo a las comidas, porque a ti te gustaba así y me gustaría ofrecerte y servirte un gran plato, pero por otro lado, no puedo dejar de hacer las preparaciones como tu, porque es lo único que me dejaste. Los sabores en las comidas, también traen penas consigo.
Quisiera poder sentarme en el sofá a tu lado y que me cuentes todos tus chismes, ver la telenovela juntas y recostarme un momento en tu regazo, podíamos estar tardes enteras así, me encantaba acompañarte y llegó un punto en que para mí era lo más importante del día.
Esas noches que nos bebíamos algún trago y terminabamos bailando o haciendo karaoke, disculpa a los vecinos que tenían que escuchar nuestros aullidos, pero lo dejábamos todo en esas letras, letras que hoy me hacen mucho sentido y tal vez si tuviera ganas de cantarlas tendrían mucho mas sentimiento, pero menos emoción que en esa oportunidad.
Y veo fotos, aunque no tenemos muchas juntas, porque yo siempre preferí vivir el momento y ahora me arrepiento, mi memoria es frágil y no quiero olvidar tu carita, me cuesta mantener ciertos detalles que ahora pareciecen nublados.
Le pido al cielo me guarde cada uno de los momentos que viví contigo, porque cada uno de ellos son un tesoro. Y pido un deseo a las estrellas que por favor me dejen vivir uno más aunque sea en sueños.