La niña

Las mejores personas son aquellas que mantienen su alma de niños intacta, aquellos cuya inocencia infantil encuentra cabida en su vida de adulto.
Muchas veces te dije que cada vez que te veía, podía encontrar en tus ojos una pequeña niña triste, rota, dolida y escondida, una niña recogida entre sus piernas, apagada y asustada. Te dije que quería ayudarte a sacar a esa niña, ayudarte a que esa niña fuera libre, que esa niña volviera a ser feliz, quería amar a esa pequeña como jamás nadie la amo y darle todo aquello que se merecía, como cariño, comprensión y protección.
La última vez que te vi, ya no pude ver a esa niña, la busque en la profundidad de tus ojos, escarbe en la inmensidad de esas pupilas dilatadas y no halle nada. Allí fue que entendí, que ya no me mirabas como solías hacerlo, allí entendí que no eras tú la de la niña asustada. Eran mis ojos reflejados en los tuyos los que yo podía ver, era mi propia niña triste la que veía cuando te tenía al frente.
Esa niña pequeña dentro de mi, ya no está. Ha sido liberada y juega con margaritas en algún rincón de mi frágil memoria. Por ahora la dejaré en paz, esperaré a que mi adulto interior cree una fortaleza para ambas y cuando esté lista la invitaré a quedarse conmigo toda la eternidad. Quiero garantizar su seguridad y que no será dañada nuevamente antes de dejarla volver.